El plato fuerte era el postre. En la segunda jornada del Campeonato de España de Atletismo que se disputa en Málaga, test definitivo para los Europeos de Birmingham (del 10 al 16 de agosto), el duelo en los 400 metros de Blanca Hervás y Paula Sevilla estimulaba el paladar. Ambas venían de realizar en el madrileño estadio de Vallehermoso la segunda y tercera mejores marcas españolas de la historia. Blanca, 50.64. Paula, 50.68, no tan cerca pero tampoco tan lejos de los 49.67 que marcó Sandra Myers en Oslo, el 6 de julio de 1991.
No les separó más un parpadeo. Hervás ganó con 52.31 por los 52.32 de Sevilla. Las marcas, estorbadas por el viento, no fueron buenas. Pero fueron compensadas por la emoción de la carrera. En la igualdad de sus prestaciones, en la apretada lucha por ocupar la cumbre de los 400, Blanca y Paula son una especie de hermanas gemelas. La competencia entre ambas sólo puede producir una mejora recíproca. Minutos antes, en la prueba masculina, Ángel González bajaba de los 46 segundos (45.91).
Mientras el Campeonato aguardaba ese momento, María Vicente, tacita a tacita, había ido desde el viernes dándole mordisquitos a su récord nacional de heptatlón (6.304 puntos) en las cuatro primeras pruebas (100 vallas, peso, 200 y altura). En las tres últimas (longitud, jabalina y 800) perdió fuelle y la marca se quedó en 6.174. Pero María, campeona mundial juvenil en 2017, nimbada por la clase, pero maltratada por las lesiones (cuádriceps, tendón de Aquiles, rodilla), ha vuelto a pisar con ilusión y provecho una pista. Estaba muy contenta. Y satisfecho Pol Ferrer con su título en decatlón (7.774).
Por la mañana, María Pérez, campeona olímpica, mundial y europea, había batido el récord nacional de los 10.000 metros marcha con 42:12.93, sólo un segundito menos que los 42:14.12 que Raquel González tenía desde hace 10 años. La marcha en pista es una prueba fuera de su elemento, el asfalto. Pero figura en el programa dentro del estadio y debe ser celebrada cuando lo merece.
Del mismo modo que el tripe salto femenino añoró a Ana Peleteiro, que tras su maternidad ha regresado a los entrenamientos, el masculino echó desesperadamente de menos a Jordan Díaz, el campeón olímpico, situado en una especie de limbo físico y mental del que no sabemos mucho. Así las cosas, el oro, barato y valioso al tiempo, fue para Eneko Carrascal (16,50 ventosos).
En carreras tácticas, muy lentas, Marta Serrano se impuso en los 3.000 obstáculos (9:40.27) y Eduardo Menacho en los 5.000 (13:59.37). El viento enredó lo suyo toda la tarde, favoreciendo unas veces y perjudicando otras. El flamante plusmarquista nacional, Jesús Delgado (48.11), se llevó con 49.74 los 400 vallas. En la prueba femenina, también la plusmarquista española, Sara Gallego (54.34), ganó fácilmente con 55.79.
Y a sus 19 años, Andrea Sales se apuntó el lanzamiento de martillo (66,10) por delante de los 38 de la plusmarquista nacional, Laura Redondo (65,88).