A los vinos de Rioja los distingue el equilibrio y la elegancia, no sin la frescura que aporta la acidez de la uva tempranillo, además de la buena resistencia al paso del tiempo. Para producirlos no es únicamente necesario el conocimiento técnico, no basta un enólogo de academia. Es importante el conocimiento de la tierra, el entorno en el que se produce y el respeto a la tradición, pero también audacia para la innovación, para el riesgo. Un equipo de fútbol no es un vino, pero en su buena crianza hay que actuar como un bodeguero.
Luis de la Fuente sabe de vinos. Es hijo de Haro, la capital del Rioja, rodeada de viñedos y donde se encuentran radicadas algunas de las principales bodegas de la denominación de origen. Un lugar donde el vino sabe a la tierra, especialmente en el triángulo formado por Haro, Briones y Laguardia, una tierra con la que el seleccionador se siente profundamente identificado, pese a dejar su pueblo joven para jugar en el Athletic, club con numerosos seguidores allí. La madre, conocida como la Berti, regentó durante años la Mercería Sol, convertida después por su hermana Ana en una boutique.
De la Fuente ha actuado como un bodeguero de su tierra no sólo con esta selección, sino en la crianza de toda una generación a la que ha dirigido en categorías inferiores y a la que ha llevado al descorche en el momento de plenitud. Como un vino redondo, equilibrado, de un rojo intenso, en el que pueden apreciarse a la vez la madera de Rodri y la fruta de Ferran Torres. Lo ha hecho con el tacto de quienes en su pueblo compraban docenas y docenas de huevos para que las claras limpiaran las impurezas del caldo en las barricas.
Sólo desde ese conocimiento profundo de lo que tenía entre manos pueden entenderse, hoy, algunas decisiones que a muchos nos parecían arriesgadas, y de ese modo lo escribimos, como era la de convocar a futbolistas que llegaban después de largos periodos de inactividad por lesiones. Era el caso del propio Rodri, Mikel Merino o Nico Williams. Como el buen bodeguero, el conocimiento de la materia y la intuición le decían que el vino alcanzaría su punto ideal en el momento necesario. Acertó.
De la Fuente suele repetir la palabra «familia» para hablar de la relación con sus jugadores. Los buenos vinos suelen ser cosa de grandes familias, pero la toma de decisiones no puede ser esclava de ataduras emocionales. De la Fuente no lo ha sido, como prueba la suplencia de Pedri en los partidos clave, decisión tomada desde el sentido de la justicia. No nos quedemos, pues, en el relato moralista del personaje, sino en su rol como entrenador, porque este título mundial, como un buen rioja, sabe a su tierra.