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Feo, fuerte y formal

Feo, fuerte y formal

Desde mi adolescencia y a las órdenes de Aíto García Reneses, siempre he sentido fascinación por la figura de los entrenadores.

Me pregunto a menudo qué le pasa por la cabeza a un entrenador, en qué galaxia vive...

Cómo consigue organizar el universo, superar la presión constante: la del grupo, la de los medios y la de los opinadores.

Cómo mantiene la calma necesaria para tomar las mejores decisiones en cada momento y en cada circunstancia.

Me pregunto hacia dónde van sus pensamientos cuando se queda completamente solo y cierra la puerta de la habitación del hotel donde se concentran los mejores jugadores del país y, posiblemente, del mundo.

Cómo hace para gestionar el talento, sin alterar los egos.

Cómo administra la convivencia, sin perder ese difícil punto de equilibrio entre el jugador curtido en mil batallas y la estrella emergente, resplandeciente de juventud y ganas de comerse el mundo.

La selección española, liderada por Luis de la Fuente, tiene un equipo dentro del propio equipo. Tiene asistentes, ojeadores, entrenadores, fisios que saben dónde y cómo dar con la pieza necesaria. Tiene un equipazo al servicio del talento. Nuestro equipo, todo el equipo, los que juegan y los que idean el juego, han demostrado ser los mejores del mundo. Lo pienso antes de la final y lo pensaré pase lo que pase.

Hoy estoy sentado en la misma mesa de La Taberna de las Herrerías de Logroño donde suele almorzar Luis de la Fuente. Pienso que tiene mucho arte al mantener el equilibrio en la vida y surfear la envidia del ruido exterior. Mostrar grandeza en el triunfo y fortaleza en la adversidad.

Este riojano es fuente constante de inspiración para quienes todavía creemos en la belleza y en los valores del deporte y lo aplicamos a la vida o a una banda de RNR.

Ver a ese equipo de jugadores, cada uno de su padre y de su madre, con acentos y procedencias distintas, cada cual con su propia trayectoria homérica, es entender que para llegar hay mucho que luchar en busca de la excelencia necesaria.

Su estilo y elegancia son una oda a los valores del fútbol, un deporte y un equipo capaces de unir a un país de contrarios.

Gracias, caballero de la Fuente por la sabiduría y por mostrarnos el camino para ser mejores.

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