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Imma Roquet y el caro negocio de criar tus propios caballos: "Pierdes muchísimo dinero"

Imma Roquet y el caro negocio de criar tus propios caballos: "Pierdes muchísimo dinero"

Comprar un caballo está bien. Quien puede permitírselo mira su raza, sus antepasados, su palmarés, su potencial y paga una fortuna por un animal con el que competir. En el salto de obstáculos se han llegado a desembolsar más de 10 millones de euros por caballos que brillaron en unos Juegos Olímpicos. Pero hay otro camino. Imma Roquet no necesita buscar en las subastas su caballo porque ya tiene en casa. Desde que empezó a montar de niña ha visto nacer, crecer y entrenarse a muchos de los animales que después ha llevado a la pista. Conoce a sus madres, a sus padres, su carácter, sus lesiones y sus manías. Sabe de dónde vienen.

En el Mundial de salto de obstáculos de este verano acabó vigésima, el mejor resultado de una amazona española en toda la historia, con Irivola del Maset, una yegua que nació en su yeguada en 2015. Antes había montado a su madre, Uvettas, y también a su padre, Indret del Maset, con el que fue campeona de España júnior en 2008. «Si compras un caballo, compras uno que se adapte a tu manera de montar, pero cuando los crías tienes que enseñarle. Luego tienes ventaja porque lo conoces más», explica Roquet, una de las figuras del Concurso de Saltos Internacional de Barcelona, celebrado este fin de semana en el Real Club de Polo.

Y eso que su historia empezó con unos caballos que «no funcionaban».

El inicio de la yeguada

El padre de Imma, Pere Roquet, ingeniero y propietario del Grupo Roquet, dedicado a la fabricación de cilindros hidráulicos en Tona, cerca de Barcelona, montaba por afición. Cuando sus hijas empezaron a competir quiso comprarles buenos caballos, viajaron a Alemania para encontrar animales con buenos orígenes y regresaron a casa con grandes expectativas. Después llegaron los concursos y la decepción. «Siempre que volvíamos de Alemania con el caballo teníamos muchas esperanzas y luego nos iba fatal. No sé si nos engañaban o qué, pero vamos, fatal».

Hasta que una de aquellas malas compras abrió otra puerta. Si la yegua no servía para competir, quizá sí podía servir para criar. Pere Roquet descubrió que le gustaba aquello de buscar cruces, esperar potros y comprobar qué había salido. Y empezó una aventura que hoy reúne alrededor de un centenar de caballos. No fue un plan empresarial, fue una afición familiar que años más tarde se convirtió en un negocio. Un negocio complicado, pero un negocio.

Una yeguada suena a alto riesgo.
Es más o menos como tener un viñedo. Durante un tiempo, unos diez años, pierdes dinero. Pierdes muchísimo dinero. Mantener una yeguada es carísimo desde el principio: necesitas comprar el semen del semental, comprar la yegua madre, hacer unas instalaciones... Hasta que salga un buen potro pueden pasar años. Es prueba y error. No está al alcance de todo el mundo. Y luego necesitas una muy buena gestión. Nosotros empezamos muy poco a poco, como hobby de toda la familia, y después, por necesidad, aprendimos a vender, creamos una red comercial, una escuela de alumnos. Ahora sí nos salen los números, pero no nos hacemos ricos.

Una hermana con un Goya

Roquet, que estudió Económicas en la Universitat Pompeu Fabra, conoce bien esa ecuación y entiende el negocio: la clave es no vender demasiado pronto. Un potro tiene un precio, pero un caballo capaz de saltar 1,50 metros tiene otro. La familia cría, prepara, compite y vende cuando considera que el animal ha alcanzado su máximo potencial. «Si tienes prisa te comes todos los gastos y no sacas lo que merece», valora la amazona que sueña con alcanzar los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 en saltos, un hito complicado, y que guarda una curiosidad.

Su biografía tiene una segunda protagonista conocida en otro ámbito. Imma Roquet empezó a competir siguiendo los pasos de su hermana mayor, Clara, que luego fue alejándose de la hípica. Lo suyo era el cine. Tanto que en 2021 ganó el Goya a la mejor dirección novel por Libertad, su primer largometraje, y sigue triunfando como guionista de películas como Los días que vendrán, Creatura o La virgen roja. «A mí me gusta lo que hace mi hermana, pero nunca me ha tirado el cine. Lo mío son los caballos», cuenta Imma Roquet entre salto y salto con su yegua de la que conoce todo, todo, todo, desde el dia de su nacimiento.


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