Del agradecimiento y el orgullo por la selección, al desconcierto: en un puñado de horas, las que transcurrieron desde la madrugada de saltos y cánticos junto al Obelisco, Argentina sufrió varios golpes de realidad. El primero, digerir la derrota en la final ante España, ese dato, entre tantos otros, que marca que la Albiceleste no chutó entre los tres palos hasta el minuto 116. El segundo, que en gran parte del planeta se volvía a cuestionar el saber perder de los argentinos. Y el tercero, que buena parte de la selección, partiendo de Leo Messi, no pisaría el país. Ni título, ni festejo. Tampoco el día festivo que Javier Milei había anunciado en sus redes sociales en un mensaje «a la población», y cuya fecha y formato quedaba en manos de la selección.
Las «relaciones públicas» y el saber estar de Argentina recayeron sobre las espaldas de un conmovido Lionel Scaloni, porque los jugadores no hablaron tras la final. Debieron pasar 20 horas desde la derrota para que Messi se hiciera notar en sus redes sociales. «El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno... Con los partidos que dimos vuelta dejando todo y que quedarán para siempre en la memoria, con el apoyo de un país entero que junto con el trabajo y el esfuerzo de este grupo nos llevó a volver a estar, una vez más, entre los mejores del mundo», escribió.
«Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo. Muchas gracias de corazón por cada saludo y por cada mensaje. Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos. También quiero felicitar a España por el campeonato», concluyó Messi, sobre cuyo futuro dudan sus compatriotas.
«idiota y resentido»
Las críticas ante la actitud de varios jugadores posterior a la final no fueron bien recibidas en Argentina. Luis Caputo, el ministro de Economía, se enzarzó, en redes sociales, en descalificaciones con el presentador británico Piers Morgan. «Comportamiento repugnante por parte de los argentinos al final, especialmente Paredes», escribió Morgan en X, junto a una foto del futbolista de Boca Juniors arrojando al piso a Gavi tras cruzarse con Rodri. «Sólo un grupo de matones violentos y desagradables, y una deshonra para el fútbol. Nunca había estado tan feliz de ver a un equipo perder», añadió. Caputo, que días antes había tildado de «idiota y resentido» al británico, respondió con dureza en la misma red social: «Al menos mostrá algo de dignidad y dejá de avergonzar a tus compatriotas británicos hablando de tener clase».
La furia del ministro suponía un fiel reflejo del desconcierto argentino. Antes de la final había mucho respeto por el nivel futbolístico de España, pero se confiaba en que esa mística y capacidad para revertir situaciones desfavorables volverían a ser decisivas. La realidad del partido descolocó a todos, incluyendo a la propia selección, que ya en la noche del domingo inició una desbandada llamativa.
Messi voló junto a De Paul a Miami, donde dentro de unos días jugarán con el Inter. Rulli, Nico Paz, Senesi, Medina, Barco, Nico González, López y Musso siguieron viaje para Europa. A Buenos Aires, en la tarde de este lunes, llegarían Emiliano Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Lisandro Martínez, Romero, Lautaro, Nahuel Molina, Mac Allister, Paredes, Tagliafico, Montiel, Lo Celso, Palacios, Simeone y Otamendi.
Pese al evidente desaire a los aficionados, que tenían previsto recibir a la selección, la Federación Argentina (AFA) emitió un comunicado mirando hacia el futuro: «La camiseta la defendemos entre todos, y el orgullo de representar a la Argentina seguirá siendo el motor para afrontar los desafíos que vendrán».