No hace ni dos años, Luis Casimiro Palomo (Villamayor de Calatrava, 1960), el tercer entrenador con más partidos en la Liga Endesa (818), autor, en 1990 con el TDK Manresa, de la mayor gesta que recuerda el baloncesto español, intuyó que otros intuían su fin, «llega el verano y nadie se acuerda de ti y ya tienes una edad...». Nada más lejos de la realidad, la pasión intacta, en paro se puso «a estudiar, a evolucionar». Cuando en diciembre de 2024 le llamó el Breogán, no sólo era un guiño sentimental. El manchego estaba listo para la reinvención. Primero fue la salvación, luego una estupenda temporada «siempre en una zona templada», y ahora el asombro: no hay partido de su equipo, colíder, en el que haya bajado de los 100 puntos.
Pregunta. Lugo no era un sitio cualquiera.
Respuesta. Exactamente. Aquí acabé la temporada 92/93 con Ricardo Hevia (fallecido en 2022), ayudándole. Al lado de un amigo que me había abierto siempre las puertas, que me había aconsejado muy bien. No era cualquier sitio, no, era volver a una ciudad entrañable para mí, a un club que me había ayudado en un momento determinado en el que yo estaba parado. Volver a esta ciudad y al Breogán tiene mucho de sentimental. Más que necesitar el trabajo, me gusta estar trabajando, estar en lo que me apasiona. Ahora me encontré un sitio donde se trabaja muy bien, un club humilde, con un presupuesto corto, pero que intenta hacer las cosas bien. Desde el primer momento nos adaptamos perfectamente uno al otro.
P. ¿A dónde se remonta aquella amistad con Hevia?
R. Esa historia es buena. Se inició en un viaje para ver el Europeo de Zagreb, en el 89. Yo iba desde Puertollano, él desde Avilés. Coincidimos en Barajas. Luego en el mismo hotel, íbamos a los partidos juntos, a los clínics. Recuerdo uno de Aíto García Reneses. Convivimos todos los días del campeonato. Allí estaban Imbroda, Lolo Sainz, los Pesquera... y él siempre decidía venirse con la morralla, como nos llamaba. Desde entonces siempre me abrió las puertas. Iba desde Don Benito a Lugo con mi Seat 133 para verle entrenar. Fue una gran amistad.
P. Reciben al FIATC Girona desde lo alto: dos partidos, dos victorias. Y, contando Europa, en los cinco por encima de los 100 puntos.
R. No podemos extraer conclusiones sobre dos jornadas. Por experiencia, hasta que no llevas un tercio de la liga consumida no te dice dónde vas a estar realmente. Nos gusta y está bien empezar con victorias, sobre todo por la confianza y la ilusión que genera en nuestros aficionados. Bienvenido sea. En cuanto al estilo... es otro baloncesto, otras reglas, otros tiempos de ejecución, de realización de movimientos de los jugadores. Como entrenador te tienes que ir adaptando, evolucionar, saber que estás dirigiendo a personas que son totalmente diferentes, porque nuestra sociedad está girando continuamente. A la hora de liderar grupos humanos, la personalidad que los jugadores tienen ahora no es igual que la que tenían hace 30 años.
P. ¿En qué lo nota?
R. Antes los chicos estaban preparados para una labor de orden y mando, de súperdisciplina por encima de todo. No se preguntaba, se hacían las cosas porque sí. Hoy en día tienes que convencer al jugador, explicarle el porqué de las cosas. Inspirarle para darle la confianza necesaria. Todo esto ha evolucionado muchísimo. Antes era mucho más estricto y desde el miedo se podía dirigir a un grupo. Eso ya no existe, eso no puede ser, porque los chicos son de una formación totalmente diferente que a la que había hace 25 años.
P. No siempre fue un entrenador tan ofensivo. ¿Cómo se produjo su evolución a este nuevo baloncesto?
R. Cuando estuve el año en paro, me puse a estudiar. Rivales, estilos, por dónde va el baloncesto... Porque cuando estás temporada tras temporada inmerso en tu trabajo, en tu equipo, no te da tiempo a mirar alrededor. Evidentemente, evolucioné porque me di cuenta de que las características de los jugadores son diferentes y, por tanto, tienes que ir a un baloncesto donde haya más posesiones, donde todas las situaciones se produzcan con más rapidez, donde encuentres los tiros en cualquier segundo, cargar mejor el rebote ofensivo... Todo este tipo de cosas. Luego eso trasladarlo metodológicamente al día a día. Es una evolución que hemos hecho bastantes entrenadores de la ACB. Si encima tu club te dota de jugadores con habilidades y características a esa idea, vas ganando terreno.
P. ¿Qué o quién le marcó?
R.Tuomas Iisalo con el Bonn y el París. Ha sido el pionero en Europa. Vio situaciones que ya existían en algunos colleges y universidades de EEUU, pildorazos aislados. En España, por supuesto, Pedro Martínez. Con Pedro yo tengo una gran relación. Hablábamos mucho. Y también vas aprendiendo. Me hizo pensar, recapacitar, porque yo todo lo que veo y me gusta, es lo que quiero. Mi idea de juego fue siempre la de querer correr, pero era más miedoso a la hora de cargar el rebote ofensivo. Lo que no puedes es hacer un copiar y pega, porque transmitir a los jugadores una idea en la que no crees mucho... lo detectan. Veo los entrenamientos que tengo escritos de hace años y lo que tengo ahora... O estás muy al día o los jugadores no van a creer en ti.
P. ¿Para el entrenador es más divertido también?
R. Para todos. Tú te diviertes con lo que haces, la gente que te viene a ver y los jugadores, que están tomando decisiones rápidas pero que entienden como normal el error. El que no analiza mucho el baloncesto puede pensar, 'estos solamente tiran de tres'. Pero es el enlace con el rebote ofensivo, con la defensa de transición, el balance, cómo estás en el box out... estamos hablando de un baloncesto muy continuo, muy exigente. Todos los jugadores que llegan a nuestra liga entienden que aquí se juega como máximo 25 minutos, por el esfuerzo que requiere el juego.
P. Ese año y medio en paro... ¿llegó a pensar que había salido de la rueda?
R. Claro. La primera temporada dices, 'ya engancharé'. Pero resulta que llega el verano y tampoco se acuerda nadie de ti y tienes ya una edad... Piensas que igual los que tienen que tomar las decisiones creen que ya estás retirado, que no tienes la misma ilusión y ambición. Claro que se te pasa eso por la cabeza. Pero yo estaba a tope preparándome para cuando volviese otra vez. Cuando me llama Tito (Díaz), le llamó la atención el grado de ilusión y de implicación, lo que irradiaba cuando llegué. Era como un niño con zapatos nuevos. La gente podía pensar que por mi edad podía estar ya de vuelta y al contrario, estaba deseando estar en lo que más me apasiona. Creo que aquí, al contrario que en la NBA, no se respeta y valora tanto la experiencia del entrenador. Y no está reñida con la ambición, la ilusión, la energía...
P. A Pedro le ha llamado el Madrid con 65 años... En su enorme currículum no aparece ni Madrid ni Barça, ¿le ha dado muchas vueltas?
R. Un verano mi agente me dijo, 'ten la maleta preparada que te vas al Real Madrid'. Y al final no tuve que coger la maleta. No le doy muchas vueltas, porque no depende nada de mí. Desde que empecé en Don Benito, lo que me movió y lo que con la experiencia aún lo valoro más, es estar a gusto en un sitio, sentirte querido. Lo que venga en el futuro, se verá. Pero de momento disfrutando de este instante desde que llegué a Lugo. Porque como te dije antes, no veía tan claro el poder volver a trabajar.
P. ¿Siente que es el momento de más disfrute de toda su carrera?
R. Sí, estoy disfrutando. No sé si es el momento máximo de mi carrera, porque he vivido momentos muy buenos y también de estar ahí en el estrés competitivo, eso que necesitamos los entrenadores. Cuando estás en paro dices: 'Joder, necesito estar con ese estrés competitivo'. Aquí, posiblemente, es el sitio donde me siento más querido en el día a día. Lo que te transmite el público, la gente de Lugo es totalmente diferente.
P. Tiene miedo de que la ilusión dispare la expectativas...
R. No me preocupa que se dispare la ilusión. Al contrario, me alegra mucho. Pero yo estoy ocupado en el día a día, en mejorar. Después de ganar en Badalona, les dije a los jugadores: 'Tengo una buena noticia para vosotros: tenemos un margen de mejora todavía muy importante'.
P. Si a alguno de sus jugadores les mencionas TDK...
R. No tienen claro aquello, porque algunos no habían nacido. Queda bonito y queda lejos y queda épico. Puedo tirar de historias de abuelo cebolleta. Y las que viví con el TDK Manresa son de esas de cómo se pueden hacer las cosas bien para llegar al máximo, en un equipo que no estaba llamado para eso. Siempre puede venirla nostalgia, pero al mismo tiempo siendo conscientes de que es algo que no se repetirá.