Cultura

Ricardo Gómez se estrena como director: "He estado durante años representando un ideal de familia que ha hecho mucho daño a los que no se han plegado a ese modelo"

Ricardo Gómez se estrena como director: "He estado durante años representando un ideal de familia que ha hecho mucho daño a los que no se han plegado a ese modelo"

Apenas empieza Una familia, un plano de una familia de ficción (ficción dentro de la ficción) lleva al espectador a la imagen de probablemente la familia más célebre de todas las familias que han salido del muy familiar audiovisual español. Hablamos, claro está, de la familia Alcántara, la de Cuéntame, la de Carlitos, la de los 394 episodios repartidos en 23 temporadas. La cámara se detiene por un instante -seguimos en la película Una familia- en una foto fija de los actores (actores que dan vida a actores) y, acto seguido, el protagonista, un niño interpretado por Víctor Lite, corre a su camerino.

La acción sigue (luego veremos cómo), pero por un momento una extraña sensación de perplejidad lo puede todo. El director de Una familia, película recién presentada en el Festival de Cine de Valladolid, no es otro que Ricardo Gómez; es decir, el Carlitos de la familia Alcántara de Cuéntame; es decir, el modelo en el que se refleja se quiera o no el chaval Víctor Lite, el que corre a su camerino. Nadie dijo jamás que la familia, da lo mismo cuál y cómo, fuera un tema sencillo.

«Lo primero es aclarar que la película no es autobiográfica, pero sí tiene que ver mucho conmigo porque la idea era contar algo cercano que me toca y con lo que me identifico plenamente. Nunca he tenido la intención de debutar como director con algo que me fuera completamente ajeno. Pero tampoco quise jamás contar algo absolutamente propio, porque creo en la ficción. De hecho, me dedico a ella de toda la vida», razona en un ejercicio de funambulismo cinematográfico muy cerca del simple laberinto el desde ahora no solo actor, sino también director de cine Ricardo Gómez.

Cuenta que lleva queriendo dirigir (así, en gerundio adverbial en modo infatigable) desde que tenía 15 años. Afirma que no es ni capricho de actor diletante ni extravagancia de cinéfilo exhibicionista; que se trata de una vocación que más que nacer, creció con él desde que debutara en la pequeña pantalla con apenas siete años. Y mientras relata su caso, y para justificar de una vez por todas el arranque de su película, sentencia: «Para bien o para mal, soy uno de los niños más conocidos de este país. Puedo fingir que no es así o aceptar los hechos y no esconderse. Si todo el mundo saber quién eres, ¿para qué ocultarlo? Podría haber hecho la película sin ninguna referencia a mi pasado, pero pensé: "Vamos a reírnos de lo que me has visto hacer durante las dos últimas décadas"». Y de ahí el niño-actor que mira a la familia de ficción en la película que cuenta la historia de un niño-actor. Y así.

"Pensé: 'Voy a reírme de lo que me has visto hacer durante las dos últimas décadas'"

Para situarnos, Una familia relata no una sino tres historias cosidas entre sí y las tres ancladas a principios de siglo. Está el padre, al que da vida Patrick Criado, que tras una temporada en la cárcel conoce a la que será la madre. A su lado, estaría esta última (Claudia Traisac en el derroche más brillante de la cinta) que pelea por salir adelante en antros de mala muerte como la bailarina que es. Siempre a la espera de su oportunidad que no termina de llegar. Y, por último, volvemos al principio del ovillo, estaría el hijo de ambos, que es actor y que tiene que ver y no tiene nada que ver (todo a la vez) con el propio director.

«De alguna manera, la película es un punto y aparte. O eso quiere ser. Quiero que Una familia sea un homenaje a esa parte de mi vida de la que me siento muy orgulloso y sin la cual no estaría aquí». Pausa. «He estado durante muchos años representando en la tele un ideal de familia que prácticamente no existe, que está en peligro de extinción y que, además, ha hecho mucho daño durante demasiado tiempo a todos aquellos que no entramos en ese modelo. Es un modelo que te hace sentir mal todas las navidades, por ejemplo, cuando caes en la cuenta de que no puedes ser feliz como se supone que es la feliz la gente en ese momento», dice y, en efecto, sus palabras suenan de forma clara a ruptura. Definitivamente, Ricardo no es ya Carlitos. Nunca más.

Desde cualquier punto de vista, Una familia es un ejercicio de riesgo. A distancia de la asepsia descriptiva y mortecina de casi todas las series de televisión (Cuéntame incluida), cada plano está motiva por la lógica interna tanto de la propia trama como de cada uno de los personajes. «Buscaba una película naturalista antes que realista. No quería una de esas cintas en las que la cámara desaparece, pero tampoco quería que la cámara se viera demasiado», dice en una réplica perfecta de su anterior declaración sobre el origen de la propia historia: «Tan propia y personal que no es más que pura ficción». Y en efecto, y de la mano de una fotografía proverbial de Sara Gallego, la cinta rodada a la antigua en celuloide respira intención, personalidad y hasta miedo en cada plano. Imprecisiones y subrayados a un lado, Una familia es desde el primero fotógrafa una película viva que intriga, desconcierta, se duele y vibra. Sin asomo de dudas, hay un director y, más importante, una voz detrás.

«No tengo claro qué es lo que me decidió a ser director. Sí recuerdo, en cambio, el momento en que, ante las primeras dudas por haber empezado demasiado pronto quizá, me empeñé en ser mejor actor. Fue cuando vi a Javier Bardem en Biutuful. Me dije: "No quiero dejar este oficio sin intentar algo parecido"», dice el actor que ahora es director, pero que ni por lo más remoto piensa dejar de ser lo que es. Sea lo que sea. Tan laberíntico como el laberinto de una familia cualquiera.


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