Cultura

Roberto Saviano: "A mí la mafia ya me ha roto la vida. No se puede vivir así"

Roberto Saviano: "A mí la mafia ya me ha roto la vida. No se puede vivir así"

Un hombre con gafas de sol en la cancela de acceso a la villa. A la cintura, bien prieta, la riñonera abultada. Otros dos individuos dentro de un coche de color oscuro, de estructura robusta, de cristales tintados. Un cuarto sujeto aguarda a la sombra del ciprés del jardín como quien espera el alba; ligeramente centenario el árbol. Es la cofradía que acompaña al escritor Roberto Saviano desde hace 20 años. Miembros de los carabinieri (policía nacional italiana). Calculan sus movimientos desde hace dos décadas. Saben dónde está a cada hora. Con quién. Para qué. Desde cuándo. Y son los únicos al tanto del lugar en que dormirá cada noche.

A esta hora, Roberto Saviano espera en el despacho del director del Instituto Cervantes de Roma, el también escritor Ignacio Peyró. La villa Bennicelli-Frontoni, sede de la institución, bulle esta mañana. Un palazzo de entreguerras levantado en 1923 que hoy aloja al hombre más amenazado de Europa. La mafia se la tiene jurada desde que publicó Gomorra (2006). Ejercía entonces de periodista en Nápoles. Tenía 26 años. La vida le saltó por los aires y carga desde entonces con una condena a muerte. No hay manera de escapar si la mafia te marca como enemigo.

La escritura de Saviano, bien tensada, copiosa de detalles, con ráfagas de buena reflexión ganadas con la edad y el aislamiento, a veces se derrama por la rabia y a veces se concreta en la dignidad de resistir. Todo en su obra gira alrededor de los usos y costumbres de la mafia. La mafia con nombres y apellidos. La mafia con hombres y mujeres. La mafia dispersada en mil negocios. Oculta en mil pistolas. Disimulada el mil despachos. La mafia invisible que en Italia todo el mundo sabe dónde está. Y cómo pudre y cuál es su disfraz. Saviano ha mirado detrás de las cortinas. Es es su condena: "Cuando eres joven piensas que volverás vivo de la guerra. Estoy vivo, pero con mutilaciones que me hacen la vida imposible". Esto dice.

Y de eso escribe también, por aquellos que aún no saben y por aquellos que aprendieron demasiado, como sucedió a Rosella Casini, la protagonista de su primera novela en la editorial Alfaguara: Mi amor no muere. Una historia real. "La más dramática y poderosa que jamás he encontrado". La de una joven estudiante florentina que en la universidad se enamora de un joven educado, gentil, Francesco Frisina, originario de Palmi (Calabria), hijo de Domenico, uno de los jefes de la mafia calabresa. Ni las señales, ni las familias, ni los atentados. Nada vence esa fantasía de la posibilidad de Rosella: darle la vuelta a la realidad. Llegar del amor al amor con Francesco. Rosella terminó sabiendo demasiado de la mecánica mafiosa. Y sólo pudo acabar como acabó: desaparecida, quizá descuartizada, probablemente echada al mar.

El amor es bujía y pólvora de esta novela. El amor también como política. Y el deseo como sublevación. Es 1977 y 1978 y 1979 en Italia. Los días de la "faida", de la "ndrina" y del "pizzo". Códigos de mafia. Los años fuertes del Partido Comunista Italiano y de las revueltas. Y de la cuenta atrás de Rosella, que desaparece el 22 de febrero de 1981. Nunca se econtró el cadáver e inventaron que había escapado a Japón a vivir la vida, entre otros falsos finales. Rosella, corajuda y desaparecida, tiene una placa Florencia que recuerda que existió: "Víctima de la 'Ndrangheta porque por amor infringió la regla criminal del silencio". Quien mucho sabe, en el hampa, antes muere.

Roberto Saviano lo sabe. Lleva años confinado en nadie sabe dónde. Con la sensación de haber echado la vida a perder por un puñado de libros. No tiene vuelta atrás. No la tendrá. Pasa el anillo grueso del dedo índice de la mani izquierda por la barbilla.

- ¿Cómo está?

- Es una pregunta difícil. Obliga a disimular. Porque puedo decir sencillamente: "Bien". Y no es cierto. Vivo como siguiendo un esquema siempre idéntico. Y sólo yo tengo la culpa de padecer ese esquema, no sólo es por las causas externas (la Camorra, el Gobierno...). Vivo como en prisión, pero mantengo la esperanza de romper un día la jaula.

- Tiene enemigos fuertes.

- Sé resistir, aunque a veces resulte difícil.

- Su vida y su literatura parecen condenadas por lo mismo: la presencia constante de la mafia.

- Me gustaría responder que no, pero repasando mi bibliografía debo ser honesto: así es. Esta historia, que es una historia de amor, sentí que podía escribirla porque tenía dentro un asunto criminal importantísimo. Si Rossella no hubiese sido asesinada por la 'Ndrangheta no me habría acercado a su historia, aunque en verdad esta novela tiene mucho de tratado sobre el amor, sobre hasta dónde puede llegar alguien profundamente enamorado. Aquí están todos los ingredientes del enamoramiento: el horror, la toxicidad, la poesía, la devoción, la manipulación. Está todo: el horror y la maravilla.

- Pero tampoco es un manual de amor...

- No lo es. Al contrario, ella acabó arriesgándose y muriendo. Su vida es una mina de sentimientos dentro de una ingenuidad enorme, pero una ingenuidad valiente: la de pensar que la potencia de un amor joven bastaba para enfrentarse al poder criminal.

- Tiene mucho del mito de Antígona y del Romeo y Julieta más impetuoso.

- Algo de eso, sí. Mientras escribía, conociendo perfectamente el desenlace terrible, su asesinato y su borrado completo de la memoria colectiva, en cierto momento estuve convencido de que podría haber escapado. Salir de esa selva, pero... Hay momentos en la narración en los que te dan ganas de decirle: "¡Huye!". Y de aplaudir su valentía. Pero también de preguntarle: ¿cómo pensaste que podrías cambiar algo en la estructura mafiosa?

Todos los personajes de Mi amor no muere son reales. Otra vez más, Roberto Saviano no ha disimulado la realidad. "Sólo he inventado diálogos, pero los viajes, las acciones, los atentados, las amenazas, las promesas y la muerte son rigurosamente ciertas. Sucedió así. Se asesinó así. Se calló este caso así como está escrito en la novela", explica. Manejar los nombres reales de los mafiosos es lo que le llevó en 2006 a quedar marcado y condenado por la mafia. Para mandar en esta organización hace falta más que un bastón, un rebaño de cabras y un paisaje violento. "Aún hoy el silencio alrededor de estas familias y sus atrocidades es imbatible". Entre Florencia y Palmi se puede dibujar el más denso horror. "Aunque Rosella, la protagonista, sólo buscaba la felicidad".

- ¿Los protagonistas están vivos?

- Algunos sí. Por ejemplo, Francesco. Una víctima de su padre y de su entorno, pero él permite todo lo que ocurrió con Rosella. Me pregunto cómo puede seguir viviendo. Está aquí, en Roma. Tiene unos 70 años y había comprado un bar importantísimo, el Bar Chigi, frente al Palazzo Chigi, pero se lo incautó la Dirección de Investigación Antimafia; o sea, había hecho una carrera importante. Su mujer trabajó en las empresas de importación y exportación de fruta, negocios típicos de esta gente. Y la hermana de Francesco, Concetta, vive en Palmi frente a una plaza que se llama Rossella Casini. Ella, que probablemente la mató.

- En la dedicatoria del libro, que tiene por destinataria a Rosella, dice que escribirlo es su venganza.

- Porque es lo que me queda cuando la justicia es tan difícil de creer en este país. He vivido 17 años de batallas judiciales hasta ganar el juicio por amenazas al ex jefe de la Camorra, Francesco Bidognetti. Por eso digo en la dedicatoria lo de "venganza". Justicia no habrá, pero cuento tu historia y así saco tu vida de las sombras y perturno el silencio que tanto cuidan los mafiosos a su alrededor.

- En varias ocasiones se ha enfrentado a la presidenta Giorgia Meloni y al ultraderechista Matteo Salvini. Ambos le han amenazado con retirarle la escolta. ¿Lo harán?

- Salvini, durante el juicio que gané contra él, declaró que para yo representaba una "provocación política". Es un cobarde. Por lo demás, para mí esta protección es una tragedia. Estoy deseando librarme de ella, aunque no de la manera penalizadora en que Salvini propuso. Si él hubiera querido podríamos haber dialogado sobre este asunto y yo habría colaborado para ver cómo liberarme. Si me hubiera llamado para decir, "Roberto, ¿cómo lo hacemos?", habríamos encontrado alguna opción. Pero amenazar con el «¡te la quitamos!» es un castigo de dementes.

- ¿No cree que sus enemigos esperan que usted les haga el 'trabajo sucio'? ¿Que se quite un día de enmedio agotado?

- ¿Preguntas si me cansaré definitivamente de esta situación?

- No, pregunto si ellos esperan su suicidio y usted lo ha pensado.

- Muchas. Pero ya para qué, si me han roto la vida. En parte ya han conseguido apartarme. No sé si por mi incapacidad o por su habilidad, pero no se puede vivir así. Es una locura. Italia también está cansada de escuchar y leer historias sobre la mafia. Mis libros siguen teniendo una comunidad, pero el país se agotó de estos asuntos. Y el Gobierno también calla aprovechando la fatiga de la gente. Pero para los políticos el problema no es la mafia y sus implicaciones absolutas en el Estado. Qué va. El problema para ellos es la inmigración: el trapicheo en la calle y el ladrón en casa. Y es un problema también español. ¿Quién vende en verdad droga ahora mismo en vuestras ciudades? El chico latinoamericano o magrebí sólo es el último eslabón. El beneficio y la estructura es de los cárteles. Y esos mismos cárteles invierten el beneficio en hoteles, restaurantes, inmobiliario, conexiones políticas... Es increíble que no haya fuerza para detener eso. Es mucho más fácil ir a por el eslabón más bajo, a por los parias.

- Una solución que habrá pensado es salir de Italia.

- Pero soy italiano y no sé si quiero huir de aquí. Es cierto que he vivido fuera muchas veces, pero... En España, por ejemplo, me han ofrecido en alguna ocasión, extraoficialmente, dar clases en la Universidad. Pero cuando había que hacerlo, los rectores se echaban para atrás. Hacen falta rectores valientes que no sientan la molestia de tener que justificar la presencia de alguien como yo.

Saviano entiende que la literatura y el cine convirtieron la actividad tenebrosa de la mafia en una fuente de fascinación. Él lo propone de otro modo, alejado del romanticismo de una Sicilia tenebrosa donde se cometían crímenes soleados por unos sicarios de mandíbula saliente y una cicatriz de lado a lado de la mejilla. Lleva 20 años padeciendo la condena a muerte de estas gentes, el olor a pólvora al doblar cualquier esquina como un fugitivo. El olor a pólvora de la escopeta de cualquiera de ellos. O de sus nietos.


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