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De línea amarilla a naranja: Netanyahu ordena a su ejército que se apodere del 70% de Gaza, violando el alto el fuego

De línea amarilla a naranja: Netanyahu ordena a su ejército que se apodere del 70% de Gaza, violando el alto el fuego

Hablemos en serio. Los medios de comunicación repetimos la etiqueta de "alto en fuego en Gaza", pero eso no existe. Desde que entró en vigor el supuesto armiticio entre Hamás e Israel, el 10 de octubre pasado, no ha habido un sólo día sin violencia, sin heridos, sin muertos, sin bloqueo de ayuda humanitaria, sin impedimentos para la salida de heridos y enfermos, sin choques internos entre las milicias armadas palestinas... Eso no es una tregua, es papel mojado. 

Desde aquel día, cuando la presión de Estados Unidos surtió efecto entre las partes, no han muerto civiles israelíes. En la franja, sin embargo, superan los 900. Sí, están entrando más camiones con comida, agua o medicinas y se están retirando algunos escombros, pero no hay una reconstrucción como tal, y eso que se supone que ya estamos en la segunda fase del mal llamado plan de paz. No hay paz interna, no hay una Junta de Paz que coordine los esfuerzos de tecnócratas para gestionar Gaza ni hay una fuerza de pacificación internacional. 

Lo que sí hay es ocupación. El Ejército de Israel no se fue tras aquel alto el fuego, sino que dejó a sus tropas dentro de la llamada línea amarilla, bajo su pleno control. En esa zona, los palestinos que viven o tienen campos de labor han sido desplazados y, en escasos casos, entran puntualmente siempre con permiso de Tel Aviv. Ahora el primer ministro israelí, Benjamin Netanyuahu, ha dicho que quiere transformar esa línea en naranja, o sea, profundizar en la presencia de botas sobre el terreno, hasta el 70% de la superficie de Gaza. Suena de todo menos a retirada, que es a lo que se ha comprometido.

Ya se sabía que el entramado era frágil, pero estas declaraciones dan pie a pensar ewn una ruptura definitiva. En que todo fue un teatro, como denunciaban los palestinos. Esta una declaración formal de objetivos compromete los términos del armisticio pero nadie está rasgándose las vestiduras en Washington. Ni palabra. La directiva, confirmada tras meses de progresivo avance militar sobre el terreno, supone una vulneración directa del acuerdo de alto el fuego alcanzado en octubre pasado bajo los auspicios de la comunidad internacional. 

"Estábamos en el 50%, pasamos al 60%. Mi orden es llegar al 70%", manifestó el jefe del Ejecutivo israelí, enmarcando la estrategia en una campaña de presión sostenida destinada a forzar la capitulación o el desarme absoluto de las milicias palestinas. 

Un mensaje de fuerza que se complementa con el lanzado hace dos días por su ministro de Defensa, Israel Katz, quien reafirmó su intención de implementar el plan de desplazamiento fuera de Gaza de la población palestina, que su Gobierno estaba gestionando a principios de 2025 pero quedó paralizado con la evolución de la ofensiva y el actual alto el fuego. La ONU advirtió que podía tratarse de un caso de limpieza étnica. El desplazamiento forzoso de población está catalogado como un crimen de guerra. 

Una frontera móvil... a mejor

El despliegue sobre el mapa de la franja mediterránera ha dejado de ser una hipótesis teórica para convertirse en una realidad administrativa y militar, restrictiva, limitante.  Organizaciones no gubernamentales locales y agencias humanitarias internacionales que operan sobre el terreno han denunciado la sustitución de la demarcación original pactada en el cese de hostilidades y las complicaciones en la vida diaria de los gazatíes que generan, más allá de la ocupación en sí.

El acuerdo -plagado de lagunas que con los días quedan en evidencia- delimitaba la denominada "línea amarilla", una zona de amortiguación que otorgaba a las fuerzas israelíes el control del 53% del territorio, concentrando a la población civil en la vertiente occidental. No obstante, las notificaciones remitidas por el estamento militar a los organismos internacionales evidencian un desplazamiento unilateral de los perímetros de seguridad a través de una nueva delimitación: la "línea naranja".

Como explica Paula Bernabéu para la Agencia EFE, "esta nueva frontera profundiza el control israelí en Gaza en todo el perímetro entre la línea naranja y la amarilla: un 11 % más de Gaza, según el cálculo de la ONG israelí Gisha. Contando con la línea naranja, Israel controlaría el 64 % de Gaza". 

"Se han definido áreas en la Franja de Gaza adyacentes a la línea amarilla en las que se requiere la coordinación de los movimientos de los actores internacionales", señaló, consultado por EFE sobre la línea naranja, el brazo militar israelí que gestiona asuntos civiles en los territorios ocupados (COGAT).

En esta vasta extensión, que abarca la totalidad del norte del enclave y amplias franjas de los límites orientales y meridionales, el tránsito de convoyes de asistencia queda supeditado a mecanismos de coordinación obligatorios con el estamento militar israelí.

Crisis de asilo e impacto humanitario

La consumación del plan de Bibi para anexionarse o blindar de forma permanente el 70% de la geografía gazatí plantea un escenario de inviabilidad humanitaria. Ya lo es ahora, con un control menor, por lo que sólo puede ir a peor. Hay precedentes: antes de la guerra, Tel Aviv ya medía las calorías necesarias para no matar de hambre a los palestinos y en función de ese cálculo dejaba entrar ayuda, para que no se le echara encima la opinión pública mundial. Era 2012 y lo desveló el diario Haaretz. Gaza llevaba sometida al cerco israelí desde 2007. Ahora, hay un genocidio extra en la zona. 

Las agencias de Naciones Unidas han advertido de que reducir el espacio vital de la franja a un mero 30% del territorio obligará a hacinar a más de dos millones de personas en una estrecha franja costera carente de servicios básicos, infraestructuras sanitarias y acceso a agua potable.

Diplomáticos y analistas internacionales coinciden en que la estrategia obedece tanto a incentivos de seguridad interior como a dinámicas políticas de consumo doméstico. Netanyahu, cuya coalición de Gobierno depende del respaldo parlamentario de las facciones del ala más conservadora y nacionalista, busca consolidar ventajas territoriales irreversibles ante eventuales mesas de negociación internacionales o la implementación definitiva del plan de reconstrucción regional promovido por la administración estadounidense de Donald Trump.

Los representantes palestinos y diversas capitales europeas han condenado la maniobra, al considerar que la ocupación prolongada y la reconfiguración territorial unilateral del enclave alejan de forma definitiva cualquier perspectiva de estabilidad regional a largo plazo y contravienen las resoluciones vigentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

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