Rusia ha intensificado sus ataques aéreos contra Ucrania con una táctica que, según varios analistas, podría marcar una nueva fase en la guerra. Tras el lanzamiento de 1.567 drones y 56 misiles en apenas dos días, expertos en seguridad aseguran que Moscú ya no busca únicamente dañar objetivos militares, sino también desgastar a la población y poner a prueba las defensas ucranianas durante periodos cada vez más largos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó la ofensiva como un ataque masivo y prácticamente ininterrumpido. Las alertas se prolongaron durante horas en distintas ciudades, obligando a miles de personas a pasar gran parte del día y la noche pendientes de refugiarse.
Según el analista Igor Anokhin, especializado en el seguimiento de los ataques con drones rusos y quien ha hablado con Bussiness Insider, el Kremlin está adoptando un modelo diferente al que utilizó durante gran parte del conflicto. Si antes los drones se lanzaban principalmente durante la noche, ahora las oleadas se extienden también a las horas diurnas y pueden mantenerse durante largos periodos de tiempo.
Para Anokhin, el objetivo va más allá de la destrucción material. El experto considera que esta estrategia busca ejercer una fuerte presión psicológica sobre la población y generar un impacto económico constante al alterar la actividad cotidiana y mantener en alerta permanente a las ciudades ucranianas.
La nueva táctica también supone un desafío para la defensa aérea del país. Ucrania utiliza una combinación de sistemas electrónicos, equipos móviles, drones interceptores y misiles para responder a los ataques. Sin embargo, el elevado volumen de aparatos lanzados por Rusia obliga a consumir recursos de forma continua y aumenta el riesgo de saturación.
Los especialistas señalan que esta presión puede facilitar la llegada de misiles más peligrosos a sus objetivos. De hecho, durante la última ofensiva, los ataques con misiles se produjeron después de horas de bombardeos con drones.
A pesar de ello, las defensas ucranianas siguen mostrando una elevada capacidad de respuesta. Según las cifras difundidas por Kiev, la mayoría de los drones fueron interceptados antes de alcanzar sus objetivos, aunque la tasa de derribo de misiles fue menor.
Otro aspecto que preocupa a los analistas es la creciente capacidad de producción rusa. Moscú ha incrementado la fabricación de drones de tipo Shahed y está ampliando sus instalaciones industriales para aumentar el ritmo de producción, lo que le permite sostener ataques cada vez más numerosos.
Algunos expertos creen que las incursiones prolongadas durante el día podrían convertirse en una práctica habitual en los próximos meses. Sin embargo, todavía existe debate sobre si esta estrategia logrará los resultados que busca Rusia o si Ucrania conseguirá adaptarse con nuevos sistemas de defensa más económicos y eficaces.