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Davidovich, campeón de Shanghái tras años de frustraciones: "Vivía de una manera muy agobiante"

Davidovich, campeón de Shanghái tras años de frustraciones: "Vivía de una manera muy agobiante"

«¿Dónde está el champán?», grita Alejandro Davidovich justo antes de colgar la llamada desde China a un grupo de medios españoles, entre ellos EL MUNDO. Está feliz, cómo no, pero sobre todo está aliviado. Se acabó la espera. Tantos años de entrenamientos, tantas finales perdidas, hasta cinco, han dado sus frutos esta temporada, en la que ha levantado tres títulos. El ATP 250 de Mallorca en junio, el de Chengdu el mes pasado y este domingo, el Masters 1000 de Shanghái, el trofeo más importante de su carrera. También ha habido momentos duros, como los dos meses que pasó parado por una lesión de espalda después de Wimbledon, pero a sus 27 años acaba de alcanzar el mejor puesto de su vida en el ranking ATP, el decimotercero, y empieza a descubrir hasta dónde puede llegar.

«No sueño nada», responde cuando le preguntan por sus objetivos futuros. ¿El top 10 de la lista mundial? ¿Un Grand Slam? «Mi sueño ahora es llegar mañana a casa, disfrutar de mi familia y de mi mujer, a la que llevo un mes sin ver, y no pensar en tenis».

La fe hasta el final

Ya tendrá tiempo para ambicionar. Toca disfrutar del momento, de haber derrotado a Frances Tiafoe, Alexander Zverev y Rafa Jódar en una semana, de haber alcanzado la madurez. En la final, Jódar comenzó como un vendaval, sin concederle ni un respiro, y todo parecía perdido. En otro momento de su carrera, Davidovich se habría precipitado, habría buscado soluciones imposibles o habría terminado por desconectarse. Pero esta vez aguantó. Y remontó hasta el 1-6, 7-6 (5) y 6-4. «No es fácil cuando Rafa juega a un nivel altísimo y sientes que te dan por todos lados sin ver ningún hueco», explicó después.

«Sabía que iba a haber nervios y tensión, pero con Pepo me siento tranquilo; sé que confía en mí y me transmite confianza, y eso me hace seguir empujando hasta el último momento», cuenta al hablar de la revolución de Pepo Clavet, su actual entrenador. Llegó por casualidad y le ha dado la tranquilidad que necesitaba. Cuesta ahora recordar que, en el último Roland Garros, su anterior técnico, el argentino Mariano Puerta, le abandonó de repente: compró un billete de avión de vuelta a Buenos Aires y se lo comunicó cuando ya había embarcado. De urgencia, llamó a Clavet y esa llamada acabó cambiándole la vida. «Me aporta tranquilidad, felicidad y una forma de vivir más tranquila. Antes vivía de manera muy intensa, muy agobiada y agobiante, y él me da mucha paz interna, algo que creo que expreso en la pista», reconoce.

Davidovich funciona así: después de una tormenta, la calma; una montaña rusa de alegrías y decepciones. Siempre ha sido así y ahora parece que ha sabido sacarle provecho. Su principal fortaleza, por ejemplo, viene de la lesión de espalda que sufrió este verano y que le tuvo parado dos meses. En ese mal momento aprovechó para reforzar su musculatura y hoy no hay quien le pare. «En la final sabía que físicamente no iba a fallar en ningún momento. Y si estoy bien físicamente, mentalmente también estoy más tranquilo, porque sé que voy a llegar a todas las bolas y no tendré que estar luchando cada punto».

El ajedrez y la Davis

También ha recuperado antiguas tradiciones que le ayudan. Hace cuatro años, cuando alcanzó la final del Masters 1000 de Montecarlo, Davidovich recurrió a la lectura y al ajedrez para calmarse. Ahora ha vuelto, junto a Pepo, a las 64 casillas. En la recién terminada gira asiática, las horas entre partido y partido se hacían muy largas y entrenador y pupilo se entregaban a partidas y más partidas. De ahí, al parecer, los crípticos mensajes que escribía en las cámaras después de cada victoria.

«Son todo bromas con Pepo sobre cómo jugar al ajedrez. Llevamos un mes aquí y ya estábamos delirando: hacemos jugadas de ajedrez, ponemos lo que sea en la cámara y nos divertimos. Escribí "esperando" porque en el ajedrez hay que tener mucha paciencia y esperar a ver qué hace el otro», aseguró. También negó que con esas palabras hiciera referencia a su convocatoria para las Finales de la Copa Davis de noviembre.

El capitán, David Ferrer, tiene claro que convocará a Carlos Alcaraz, Rafa Jódar, Pedro Martínez y Marcel Granollers, pero el triunfo en Shanghái vuelve a situar a Davidovich en la conversación por la quinta plaza. En todo caso, aseguró que su intención nunca fue presionar a Ferrer. «Me hace mucha gracia, porque vi muchos comentarios de periodistas malintencionados que creían que era por lo de la Davis y que yo era un inmaduro. Cuando se habla sin saber, pasa esto», protestó. Después, dejó clara su disposición: «Estoy para aportar mi granito de arena y somos un equipazo para ganarla». Antes, eso sí, quiere llegar a casa. Después de años persiguiendo el éxito, Davidovich ya tiene su primer título grande y una manera propia de competir por más. ¿Dónde está el champán?


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