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Es 2010 otra vez y España le sigue venciendo al mal en todas sus formas

Es 2010 otra vez y España le sigue venciendo al mal en todas sus formas

Luis De la Fuente, qué gran marqués vas a ser. ¿Y hasta dónde vas a llegar? Es 2010 otra vez. Un goleador del Barcelona que nos da la copa y Mourinho aterrizando en Madrid. El equilibrio. Ni Mou es aquel Mou ni Ferrán es aquel Iniesta. Pero nosotros sí somos los mismos: un país eufórico, orgulloso, optimista, que se sobrepone al mal en todas sus formas. El de los abertzales que atacan a familias enteras en Bilbao y tres horas después se tienen que comer un Mundial gritado a pase de Nico Williams. El de los cancheritos, puestos en su sitio porque nunca aspiraron a ser otra cosa. Qué escándalo y qué gusto verte, Paredes, todavía en el campo en el minuto 125 para saborear bien la derrota, sin la excusa de haberte ido a la ducha como tu compañero Enzo.

El mal en la forma de nuestra desconfianza, también. Tuvimos miedo a que todo fuera según lo previsto. A que no tuviéramos rival durante toda la final. Tuvimos miedo a que el único fútbol fuera el nuestro, la única valentía la nuestra, el único empuje el nuestro, la única bondad la nuestra. Y que al final todo diera igual. A cada minuto se abría paso la esquizofrenia: ¿Y si el plan no era bueno? ¿Y si el escenario ideal no es suficiente? Y la peor pregunta: ¿y si los jugadores se cagan como yo? ¿Y si una final en la que no aparece Messi es como una película de miedo de 100 minutos en la que, después de 99, todavía no te has llevado un susto?

A veces pasa que la vida no es para tanto. Que el miedo llega hasta donde uno quiere. Que hay películas que no asustan como hay equipos que no proponen, que existen hasta donde les dejan. Y cuando no les dejan, no existen. Que las cosas suceden como tienen que suceder y nosotros, nuestro gafe, nuestra superstición, no pintamos nada. Tampoco la suya. Que lo pinta todo Luis De la Fuente, que no siente nuestro miedo, que siempre desoye los cambios que le pedimos, pero que siempre le salen bien.

¿Qué viene ahora? Un Mundial en casa dentro de cuatro años, Marruecos mediante. El bicampeonato, la tercera estrella. El país que ha exportado todas las formas exitosas de fútbol que triunfan en la actualidad ganando en casa. El marqués de la mancuerna expandiendo la leyenda de una selección que sabe tiranizar el fútbol internacional como si fuese un club que entrena de julio a junio. Si ellos no tienen miedo, por qué lo vamos a tener nosotros.

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