Argentina estuvo a una victoria, a un título de instalarse como la gran potencia hegemónica de los Mundiales, pero la historia le reservaba un giro: no se hablará de ella, se hablará de España. Tres finales en las últimos cuatro torneos, pero sólo un título, el de 2022. Brasil, el pentacampeón en decadencia, respira aliviado: Argentina sigue siendo tricampeona y el scratch tiene tiempo para trabajar de cara a la cita de 2030.
Brasil, cinco; Alemania e Italia, cuatro; Argentina, tres; España, Francia y Uruguay, dos, e Inglaterra, uno. Así se reparten los títulos tras la final de ayer, en la que Argentina aspiraba a dar el golpe para ubicarse como la nueva potencia hegemónica. Las cuentas eran sencillas, tres finales con un título en los últimos cuatro campeonatos y tres trofeos y tres finales en los últimos 48 años. No estaba nada mal para la Argentina de Mario Kempes, Diego Maradona y Lionel Messi. Pero no hay bicampeonato consecutivo, el último sigue siendo el de Brasil en 1958 y 1962. Con un matiz: aquellos títulos en Suecia y Chile, conquistados por el Brasil de Pelé, son de los años del blanco y negro, en tanto que hoy se juega en 8K. Este fútbol es muy diferente, mejor y más exigente.
Juca Kfouri, analista estrella del fútbol brasileño, avanzó en su análisis, vinculando la amenaza del predominio argentino con la decadencia de la selección de su país: "La única forma de que las cosas cambien en la selección brasileña era la amenaza de que Argentina fuera pentacampeona en 2030". Y, sumergiéndose en la historia recordó lo que le dijo su padre, del que heredó su gran amor por el fútbol: "Si la guerra no hubiese impedido la disputa de las Copas del Mundo del 42 y del ¡46, Argentina habría ganado ambas!". Sería entonces pentacampeona. Como Brasil.
Un proceso serio
Contrafáctico, incomprobable, pero Kfouri apunta a un tema central de la relación de Argentina con los Mundiales. Tras llegar a la final de 1930 en Uruguay, el caos dirigencial y político en Argentina afectó a su selección, que durante décadas encadenó ausencias, boicots y malos resultados consolándose con ser la "campeona moral".
¿Cómo se podía tener tan buenos futbolistas -de eso estaban convencidos los argentinos, que no en vano habían dado ya al mundo a Alfredo Di Stéfano- y tan malos Mundiales?
Paradójicamente, en uno de los momentos más complicados de la historia del país, una orgía de violencia entre las facciones del peronismo y a las puertas de un golpe militar, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), logró convertir en cuestión de Estado a la selección y generar a partir de 1975 un proceso serio. "Las autoridades eligieron a la persona indicada: César Luis Menotti. El Flaco venía de hacer campeón a Huracán en 1973 con un equipazo", recordó en estos días Juan Pablo Varsky en La Nación.
"Menotti creó el concepto Selección Argentina. Convenció a los dirigentes de la necesidad de crear un proyecto que seduzca a los jugadores, a los entrenadores, a los formadores, y a los reclutadores de talento. Llegó a armar cinco equipos durante 1975, su primer año completo en el cargo. No hubo rincón del país en el que no buscara potrero, astucia y competitividad".
La historia es conocida, Argentina conquistó, en un Mundial en casa y en invierno, su primer título, con Kempes como goleador y un 3-1 en la final sobre Holanda. Habían pasado 48 años de amarguras desde el inicio de los Mundiales, y se abrían 48 años de gloria para la albiceleste. España' 82, con el telón de fondo de la Guerra de las Malvinas, marcó el debut de Diego Maradona, pero fue un torneo olvidable.
Eterna discusión
La antesala, eso sí, del campeonato más extraordinario, el de México'86, el de la Mano de Dios y el Gol del siglo en un lapso de cuatro minutos para terminar en una gran final, un 3-2 sobre Alemania. Carlos Salvador Bilardo había sucedido en ese Mundial a Menotti, y los argentinos se lanzaron a su deporte favorito, discutir hasta la extenuación cuál era el fútbol legítimo, ¿el lírico de Menotti o el pragmático de Bilardo?
La discusión se hizo eterna, pero entre tanto se encadenaron las finales de Italia'90 y de Brasil' 14, otras buenas actuaciones sin la fortuna necesaria y el adiós en primera fase de 2002 al mando de Marcelo Bielsa.
Ya había comenzado la era de Messi, con los cuartos de Alemania 2006 y Sudáfrica de 2010. Tras rozar el tercer título en el Maracaná, todo pareció hundirse en Rusia' 18, bajo el mando del inclasificable Jorge Sampaoli, que así y todo dejó involuntariamente una herencia positiva: uno de sus ayudantes, Lionel Scaloni.
El ex jugador del Deportivo de La Coruña comenzaría siendo el seleccionador interino en 2018 y luego ya el entrenador oficial. Con él al mando, muchos argentinos comenzaron a tomar distancia del mito maradoniano para abrazar la realidad de Messi. Lo hicieron a tiempo, la figura más grande en la historia del Barcelona es la gran explicación de las alegrías argentinas, aunque ayer la alegría final fuera para España.