Cultura

Javier Giner: "En esta sociedad tan adicta a todo, hemos desarrollado la adicción de crear vínculos personales de usar y tirar"

Javier Giner: "En esta sociedad tan adicta a todo, hemos desarrollado la adicción de crear vínculos personales de usar y tirar"

«¿Por qué tanta película nos cuenta la excepción, cuando la regla, lo que nos pasa a todos, es justo lo contrario?». La pregunta se la hace Javier Giner sin reparar quizá (o disimulando con bastante arte) en que él mismo es exactamente eso: una brillante excepción. Hasta octubre de 2024, este hombre nacido en Barakaldo hace 49 años y con una cierta afición al exceso peleaba para que su serie Yo, adicto, protagonizada por Oriol Pla y literalmente arrancada a tiras de su propia piel, encontrara un hueco entre el tráfago de todas las series, protagonizadas o no por Oriol Pla. Y lo encontró. Y de qué manera.

Lo que prometía ser una brutal y muy íntima confesión, acabó por ser la perfecta descripción de un estado de ánimo compartido y, apurando, de una sociedad entera adicta de todas y cada una de sus infinitas adicciones. Lo que parecía una excepción fue espejo en el que vernos todos. Ahora debuta como director, como director de cine, y su película Esta soledad no quiere otra cosa que descender a contar la vida de cualquiera de nosotros, sin excepciones. Oriol Pla, otra vez, y Marina Salas encarnan a una pareja ya rota. Están en la treintena y su amor es algo que quedó atrás. Desde ahí, la película se esfuerza en describir el periplo de dos vidas enganchadas a la fragilidad de una existencia esencialmente, que no excepcionalmente, frágil.

«Pienso en lo que une a la mayoría que ahora mismo ronda los 30 años», dice Giner, «y me viene a la cabeza asuntos como inestabilidad, precariedad, falta de oportunidades... Basta con pensar en la vivienda. Es decir, y sin dramatismos, vivimos perpetuamente en crisis. La pregunta es: ¿por qué la ficción se ocupa tan poco de estas historias y se empeña en narrar únicamente la vida de los héroes, que no son más que las excepciones?». Pausa. «Y cuidado que soy el primero en reconocer a la ficción una función de escapismo y que soy por igual fan de Haneke que de los Bridgerton. Pero tengo la impresión de que nos dejamos arrastrar por una especie de trampa. El capitalismo, como relato de triunfo, viene siempre de la mano del héroe y el héroe busca catarsis mediante el sacrificio, el héroe es omnipotente. Nos engañamos contando historias que no son nuestras, que no son de nadie, que son... excepciones».

Esta soledad, en efecto, es historia común y en su facilidad para mezclarse con la retina del espectador y colarse por sus ausencias y vacíos acaba por ser contradictoria y excepcionalmente extraordinaria. Las vidas de sus protagonistas, cada uno por su lado, se construyen desde la sutileza de lo apenas dicho, de lo solo intuido. Y así, todo lo que era descarnado y explícito en la serie Yo, adicto aquí se vuelve indicio, misterio y herida. «Quiero creer, de todos modos, que hay un argumento o inquietud compartida entre la serie y la película», corrige Giner. Y sigue: «De nuevo, la sociedad que se describe es la que es. Y de nuevo, la adicción lo preside todo. Somos adictos al dolor, al sexo, al trabajo, al éxito que no llega, a las redes sociales, a todo tipo de drogas... Nos pasamos el tiempo buscando algo con llenar un hueco que no acaba y lo más curioso es que en esta sociedad tan adicta a todo, hemos desarrollado también la adicción de crear vínculos personales de usar y tirar». Y aquí, quizá, no hay excepciones. Excepcional sin duda.


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