El gran talón de Aquiles del Barça de Flick es el rendimiento defensivo. Sobre todo, en una competición tan tremendamente exigente como la Champions. en un choque que, seguro, hizo las delicias de cualquier espectador neutral, el PSG de Luis Enrique fue capaz de endosarle nada más y nada menos que cuatro goles, el doble de los que había encajado sumando los dos primeros choques frente al Feyenoord (5-1) y el Galatasaray (1-4). El 4-2 del Parque de los Príncipes hizo que su media de tantos encajados pasara a ser de uno a dos por partido disputado y, además, supuso el frenazo brusco a un arranque de temporada en el que los barcelonistas parecían del todo imparables.
La lección a extraer con vistas al clásico del próximo domingo frente al Real Madrid en el Spotify Camp Nou fue también cristalina. Los desajustes y despistes en la zaga pueden costar muy caros. Sobre todo, frente a rivales de gran entidad. Es cierto que su equipo se plantó en París con la defensa cogida con pinzas, con Jules Koundé renqueante por un esguince de tobillo que podría dejarlo fuera también del gran duelo del fútbol español, un sacrificado Gerard Martín, que estuvo sobre el césped pese a sus molestias, un Andreas Christensen a quien le había dado mucha confianza a principios del curso y que no podrá volver hasta finales de noviembre y, sobre todo, un Eric García que se marchó lesionado de La Cartuja y que tampoco podrá regresar a los terrenos de juego en principio hasta mediados del mes que viene.
Eric, la baja más sensible
La del de Martorell, precisamente, sería la ausencia que más ha desajustado la zaga azulgrana. Flick ya vio en él el pasado curso esa capacidad de aportar equilibrio que le dio Íñigo Martínez en su primera temporada al frente del Barça. Ya fuera como lateral, como central o, incluso, en la medular. El primer tanto parisino llegó tras un error de Lamine Yamal. El segundo, después de que Anthony Gordon no estuviera especialmente lúcido a la hora de defender a Lucas Hernández en un córner. El tercero, tal vez, es en el que más mérito acumularon los de Luis Enrique, si bien es cierto que nadie pudo estorbar el gran remate de Vitinha. Y en el cuarto, mientras, quien quedó retratado fue un Joao Cancelo que, aparentemente, desconectó tras el 3-2. «Creo que los últimos minutos, después del 3-2, el equipo se vino un poco abajo», confesó tras el encuentro el técnico, quien elogió la gran actuación de Joan García.
«Tenemos que jugar con calma, mejor posicionados y estar bien conectados. Hay que mirar de no crear tanta distancia entre nosotros y ser más claros con lo que queremos hacer», abundó después del duelo. Esta vez, no le sirvió esa máxima tan cruyffista de que, para ganar, basta con anotar un gol más que tu rival. «El PSG ha tenido muchas ocasiones y Joan ha estado fantástico, pero creo que nosotros también tuvimos muchas ocasiones y, normalmente, creo que habríamos marcado esos goles», lamentó.
En Europa, lo cierto es que el Barça lleva 18 partidos consecutivos sin dejar la portería a cero. Los despistes o desajustes defensivos pueden salir tremendamente caros en una competición tan exigente y que apenas da margen para el error como es la Champions. Por eso, además de una pegada demoledora, hace falta saber defenderse. Y eso es perfectamente aplicable también, para un partido de tan altísimo voltaje como el clásico.