Cultura

Manon Lescaut abre la temporada del Teatro Real: una magnífica producción musical con grandes voces

Manon Lescaut abre la temporada del Teatro Real: una magnífica producción musical con grandes voces

Buena idea la del Teatro Real de inaugurar la temporada, que contó con la presencia del SM el Rey Felipe VI, con Manon Lescaut la tercera de las óperas compuestas por Puccini y primera que tuvo un arrollador éxito internacional. Hoy día se representa menos que otras posteriores, seguramente por sus dificultades musicales y su sucinto libreto, lo que es injusto ya que se trata de una absoluta obra maestra y eso le permitió la comparación sin desventaja con la otra Manon, que la precede en quince años y con éxito, que fue la de Massenet. Aun habría mucho más tarde, en 1952, una tercera, Boulevard de solitude de Hans Wener Henze.

El libreto, basado en la novela dieciochesca de Prévost, pasó por varias manos, aunque lo firman Domenico Oliva y Lugi Illica. Eso lo hace trastabillear un poco y exige un esfuerzo de dirección teatral. La de Carlos Wagner es básicamente trasladar la peripecia a los años cincuenta del siglo XX lo que añade cierta incongruencia a lo que se dice y lo que pasa, ya que el espíritu literario es plenamente dieciochesco, así como el hecho de que Luisiana, donde se deporta a la protagonista que allí muere, era entonces francesa. Mucha cosas están paliadas por la sugestiva escenografía de Frank Phillip Schlüsmann, fiel a las ocurrencias, incluso las menos afortunadas, de Wagner en general pero magnífica y eficaz en el cuadro final y al vestuario de Jon Morrell estrictamente apegado y estrictamente fiel a la moda de la época que el director desea aunque en sí no fue históricamente la mejor moda posible .

Musicalmente es otra cuestión, pues esta producción, compartida con la ópera de Colonia, es de gran altura empezando por la presencia del director musical que es Nicola Luisotti, un maestro seguro, inspirado y conocedor, que sabe sacar sus grandes valores a la música de Puccini. Dramático en su punto justo, lírico sin confundir emoción con desmadre, Luisotti expones una lección de cómo puede hacerse bien este título y que llegue arrollador al oyente de tal manera que la osada armonía que exhibe y la refinada tímbrica de la orquestación, que no son inferiores, aunque si distintas, a las del Richard Strauss operista, cabalguen sobre su extraordinario melodismo.

Tiene a su disposición voces muy apreciable comenzando con la norteamericana Sondra Radvanovsky que encarna a la protagonista con facultades, virtuosismo y muy buen gusto además de con voz potente y muy expresiva. También norteamericano, Michel Fabiano tiene una buena respuesta para la exhibición de la soprano, teniendo en cuenta que se hace cargo de una de las más comprometidas partes de tenor de las óperas puccinianas pues la obra posee tesituras forzadas en general y donde se debe dar todo de sí desde la temprana primera aria (Donna non vidi mai).

Convincentes el resto de los cantantes, entre los que hay que distinguir a Lucas Meachem y Pietro Spagnoli, que cumplen sobradamente para llenar un reparto que es satisfactorio. Con ellos el Coro Titular que prepara José Luis Basso y la siempre fiable Orquesta Sinfónica de Madrid que respondía muy bien a las solicitudes del director musical logrando así que la representación fuera modélica en lo que a la parte sonora se refiere y resultara subrayada por el éxito justamente concedido por los espectadores del estreno. No solo el final, sino también el hermoso intermedio orquestal fueron muy aplaudidos y al final todo se acogió con calor, especialmente a la soprano y al director. En conjunto, una inauguración satisfactoria.


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