Toda despedida anunciada previamente tiene algo de impostura. Es como levantarse de repente y reclamar la atención que no se ha podido, o sabido, conseguir antes. Eso, o peor incluso, los hay que anuncian que se van para hacerse perdonar (total, ya no van a molestar más) por sabe dios qué errores del pasado o a punto de cometer. Hubo un tiempo en que lo verdaderamente elegante era despedirse a la francesa (para los franceses, a la inglesa). Sans adieu, se decía. Mike Leigh afirma sin afirmarlo del todo que la que es su última película puede ser, en sentido estricto, la última de todas y uno no puede por menos que dejarse llevar por la condescendencia (que no es exactamente benevolencia) e imaginarse un trabajo crepuscular, ya casi sin pulso y, en efecto, autocondescendiente. Cosas de las despedidas medio anunciadas.
Pues no. Pese al anuncio, lo que ha entregado en San Sebastián el director británico es exactamente lo contrario: una obra plena, llena de energía, esperanzada cuando quiere, triste cuando no queda más remedio y siempre tan fiel a la caligrafía clara, precisa, algo hiriente y profundamente emotiva de su cine desde Secretos y mentiras a Another Year, ida y vuelta. Tender Loving Care (Cuidados paliativos) es, sin duda, uno de sus mejores trabajos y, por ello, no solo es justa la Concha de Oro que decidió otorgarle el jurado presidido por el director Ira Sachs, sino que, además, se antojó irremediable. No había otra opción. Es despedida, insinúa él, pero en verdad es un trabajo que, por su vitalidad y brillo, solo puede ser obra de un recién llegado. No se va. Acaba de llegar. Sans adieu.
De hecho, no queda claro quién da el premio a quién. Una película así, tan oportuna, tan certera y tan diáfana, podría figurar en el palmarés de cualquier festival. Y cuando decimos cualquiera entran todos. Y, sin embargo, es San Sebastián, que no otro, el que va a disponer el honor de tenerla en su listado de conchas de oro.
La película, que además se llevó los premios de guion (nótese que Leigh trabaja sin guion, el libreto se construye con los actores en cada una de las escenas planteadas. Un premio merecidísimo al no-guion por tanto) y de la actriz protagonista Kate O'Flynn, compartido con Asta Kamma August por Growth of the Soil, de Hans Petter Moland; la película, decíamos, cuenta la historia de dos amigas, las dos trabajadoras sociales, que vuelven a vivir juntas tras el fracaso sentimental, amoroso o afectivo, como se quiera, de una de ellas. La que sufre mal de amores, y que además se ocupa de atender a niños como los que vagan por Ceuta, es interpretada con una delicadeza cerca del milagro por la premiada, y la otra, que asiste a todo tipo de desheredados, cobra vida en el exquisito y muy alegre quehacer de Alice Bailey Johnson. De por medio, los padres de la primera (Marion Bailey y Paul Jesson) viven una crisis tan descomunal que, en efecto, en palabras de Leigh, "es más que probable que sea la última".
Lo que propone el director es una reivindicación de algo tan complicado de definir sin parecer algo bobo como la compasión. La compasión se parece mucho a ese gesto blando, algo hipócrita y muy paternalista de la caridad. Pero no, este Mike Leigh que parece estar de vuelta, que no de despedida, no podría permitirse semejante impostura. La compasión que él demanda y exige aparece sin coartadas melodramáticas, sin gestos torpes. En Leigh la compasión es afirmación, es un acto reivindicativo de todas las pasiones alegres que se fortalecen y hacen grandes en la mirada de los demás. En Tender Loving Care, la compasión es entendida y, más importante, ejercida contra la lástima y el remordimiento, a favor de una vida en común deseable, justa y digna. Lo dice Mike Leigh y, créanme, hay que tener mucha fuerza de espíritu para llevarle la contraria.
¿Quién dijo que se iba, si más parece que ha venido a revolucionarlo todo? Sans adieu.
Un western lapón de fronteras y mujeres humilladas
Por lo demás, el palmarés se las arregló con lo poco que tenía a disposición más allá de Leigh. Hubo un año en el que Luca Guadagnino ejerció de presidente y decidió con justicia dárselo todo a una única película: Beginning, de Dea Kulumbegashvili. Poco faltó para asistir a lo mismo. El premio a mejor dirección fue para la sueca Amanda Kernell por Brace your heart, el que es es su tercer largometraje siempre guiado por la claridad y hondura de una forma de mirar capaz de encontrar colores nuevos en el blanco nuclear de la nieve de Escandinavia entera. Lo que propone la directora es un western lapón de fronteras, mujeres humilladas y renos que se antoja distinto y, sin duda, poseedor de una voz en propiedad entre la etnografía y la ira. Así, la historia de una mujer sola en un mundo de hombres rodada contra las convenciones justifica de sobra su sitio en el casillero.
Lo mismo cabría decirse del muy arriesgado Premio del Jurado para la que es, sin duda, la película más arriesgada del palmarés (de éste y de muchos otros). Border, del chino Ah Biao, es un relato críptico de personajes en fuga de sí mismos. Todo se antoja árido, ríspido, intrigante y tan repulsivo como, admitámoslo, seductor. Sin apenas diálogos, el cineasta alterna referencias al hieratismo expresivo de Robert Bresson con la misma facilidad que hace que cada plano beba del magisterio del mucho más cercano (a él, sobre todo) Jia Zhangke. El resultado es una película con el alma furiosa de un atrevimiento insólito. No había plan B para este apartado del palmarés.
En lo que los actores se refiere, resultó raro que Julianne Moore, que directamente enamora en su papel de El debut, de Jesse Eisenberg, no figurara en ningún lado. Pero también es cierto que estos no son los Oscar ni la película el prototipo de producción de una sección oficial de un festival que se quiere de autor. Así las cosas, tanto la citada Kate O'Flynn como su acompañante en la categoría Asta Kamma August están bien donde están. Téngase en cuenta que después de la cinta de Leigh, la segunda más importante de las que comparecieron en la sección oficial es precisamente Growth of the Soil (La bendición de la tierra), de Hans Petter Moland, una tragedia épica y casi bíblica que hace pie en la novela de Knut Hamsun. Nada que objetar por tanto a que la cinta obtuviera dos menciones en el listado de premios: por su protagonista y por la brillantísima, fría y sensorial fotografía de Oskar Dahlsbakken.
La parte española (recuérdese había tres películas de aquí en competición) se tuvo que conformar con la sorpresa de ver a Javier Cámara como mejor actor de reparto por su excelente (como siempre) trabajo en ese ejercicio de virtuosismo cinematográfico que firma Javier Ruiz Caldera en 5 minutos más.El resultado es que la mejor de las tres cintas españolas a concurso logró su hueco en la tabla de honor. Muy lejos, de repente, aquellos tiempos de Tardes de soledad y Los domingos.
Y hasta aquí un festival que se despide. En efecto, el año que viene cambia el director. Dice adiós un gran director, José Luis Rebordinos, y toma su puesto Maialen Beloki con la tarea pendiente de dar nuevos bríos a una sección oficial que, definitivamente, tiene la obligación de buscar un nuevo rumbo. Así las cosas, adiós sans adieu.
PALMARÉS SAN SEBASTIÁN 2026
Concha de Oro.Tender Loving Care, de Mike Leigh.
Directora. Amanda Kernell por Brace your Heart.
Premio Especial del Jurado. Border, de Ah Biao.
Intérprete principal. Ex aequo Kate O'Flynn por Tender Loving Care, de Mike Leigh, y Asta Kamma August por Growth of the Soil, de Hans Petter Moland.
Intérprete de reparto. Javier Cámara, por 5 minutos más, de Javier Ruiz Caldera.
Guion. Mike Leigh por Tender Loving Care, de Mike Leigh.
Fotografía. Oskar Dahlsbakken por Growth of the Soil, de Hans Petter Moland.