Nunca una ganadora (o ganador) del Premio Planeta había despertado tanta expectación. Pero es que nunca lo había ganado Isabel Allende, la autora en español más leída del mundo, especialmente querida por el público, con una treintena de libros a sus espaldas, más de 77 millones de volúmenes vendidos y traducciones a 42 lenguas. Con una elegante chaqueta azul eléctrico y foulard fucsia, Allende ha protagonizado esta mañana una multitudinaria y divertida, como ella misma, rueda de prensa: "¿Qué que me queda por ganar? ¿Tal vez un cuarto marido?". Sonríe y añade: "No, el que tengo funciona. De momento".
Allende es así: un espectáculo, cálida y cercana. Y a sus 84 años hace las cosas se hacen a su manera: canceló la habitual y frenética maquinaria de promoción de Planeta, con entrevistas a diarios, teles y radios cada 15 minutos. Solo una rueda de prensa, en la que ha derrochado entuasismo y simpatía. "Nunca me había planteado ganar un premio. Me caen del cielo como un regalo... Esta es la primera vez que me presento a uno, imagina la humillación si no lo ganaba... Aunque como va con suedónimo nadie lo habría sabido", ha admitido del que considera el "premio más importante de la lengua española", en sus propias palabras. El libro llegará a librerías el próximo 4 de noviembre, con una tirada inicial de 220.000 ejemplares y supone un golpe de Planeta a la competencia, Penguin Random House, cazando a una de sus autoras superventas y multiplicando la difusión del galardón al otro lado del charco.
Con esta novela, Allende cierra además un ciclo propio, el de La casa de los espíritus, que escribió a principios de los 80 en la cocina del apartamento que alquilaba en Caracas, por las noches después de trabajar por turnos. "Habría podido escribir este libro en 1985, pero ha sido ahora cuando las circunstancias me han forzado a volver a este ejercicio de memoria. Sé lo que significa perder la democracia y cuánto cuesta recuperarla", ha señalado. Afincada en San Rafael (California), Allende traza un paralelismo entre épocas: "En EEUU las insituciones democráticas peligran. La democracia se pierde fácilmente, de súbito como pasó en Chile. Otras veces se va minando por abajo y se va perdiendo lentamente...".
Un síntoma de esa pérdida de libertad es la retirada de La casa de los espíritus de algunas bibliotecas escolares, que se ha producido en algunos dde los estados más conservadores. "En Estados Unidos basta que una persona se oponga a que un libro esté en una biblioteca para que lo saquen de la lista. Han prohibido La casa de los espíritus pero no se sabe por qué: si por las escenas sexuales, por la violencia no puede ser porque EEUU vive en la violencia o por asuntos políticos, porque es un libro contestatario...", expone Isabel Allende. Se pausa un segundo y añade: "No sé si esta novela se va a prohibir también. Pero es un tremendo honor que a uno le prohíban".
Sus personajes de La casa de los espíritus la han acompañado durante décadas, escapándose a otros libros y construyendo una suerte de trilogía involuntaria con otras dos precuelas (Hija de la fortuna en 1999 y Retrato en sepia en 2000) que forman una saga familiar de casi 130 años a través de las familias Sommers, del Valle y Trueba. Pero en La hora antes del alba es precisamente Alba, nieta del patriarca Esteban Trueba quien toma la palabra y escribe la historia familiar, tan convulsa como la del propio país. "Desde que se publicó La casa de los espíritus he recibido innumerables mensajes de lectores que querían saber qué pasó con Alba. Esa pregunta me ha rondado por décadas", reconoce la escritora, que ha tardado más de 40 años en recuperar a la joven Alba, torturada, violada, represaliada... Pero, aún así, la protagonista se niega a abandonar su país, su casa, que se convierte en el símbolo del devenir de Chile.
"Generalmente, la Historia oficial se ha escrito por hombre blancos, los vencedores. Las otras voces quedan silenciadas y son las más interesantes: las de las mujeres, los niños, los pobres, los perdedores, incluso los animales... Son las que quiero rescatar. Porque la historia oficial no es la verdadera, está completamente teñida por la ideología", considera Allende.
A lo largo de la novela, Allende retrata los años del terror y "la callada presencia de los espírutus del pasado", apunta. "Son los mismos que entran en mi casa, entran y salen de mis libros y me van a acompañar en la hora de mi muerte", profetiza.