Isabel Allende escribió su primer libro en una cocina, la de su pequeño apartamento en Caracas, donde se exilió con su familia tras el golpe militar de Pinochet. Después de lavar los platos y acostar a sus dos hijos, la entonces periodista arrancaba horas a la noche para escribir La casa de los espíritus, que se convertiría en su gran best seller.
Desde entonces, Allende ha publicado una treintena de libros y se ha erigido como la gran dama de las letras en español, la escritora que ha vendido más de 80 millones de libros en todo el mundo y ha sido traducida a 42 lenguas. El pasado octubre sumó un nuevo reconocimiento que le cae casi como un título nobiliario: el Premio Planeta. Y lo hizo con la segunda parte de La casa de los espíritus, continuando la historia de Alba, la única superviviente de la familia Trueba. Esta vez la escribió en su gran residencia de San Rafael, California, donde vive desde hace lustros. Hoy, llega a librerías La hora antes del alba, con una tirada inicial de 210.000 ejemplares. Allende vuelve a adentrarnos en su laberinto de espíritus, en esa casa de la esquina llena de plantas y libros (hasta que la policía del régimen los quemó) que simboliza la resistencia de todo un país.
- Hace 45 años que le ronda la idea de escribir una continuación de La casa de los espíritus. En los agradecimientos cuenta que la idea de esta novela nació durante un viaje en ferri entre Montevideo y Buenos Aires. ¿Qué ocurrió en aquella travesía?
- Estábamos en una gira de libros y como se acercaba el fin de año, cuando normalmente empiezo a pensar en serio en lo que escribiré el 8 de enero que se aproxima, dije que tenía un personaje en la mente: un luchador mexicano de esos con máscara. Ese personaje era un recuerdo de mi infancia, cuando mi abuelo me llevaba a ver lucha libre. Sin embargo, no calzaba con mi plan postergado mil veces de retomar a Alba, la nieta del patriarca de La casa de los espíritus. En la conversación, que fue muy divertida [estaba con su hijo y su nuera, con su agente y una documentalista], encontré inspiración y al llegar de vuelta a California comencé a investigar para el libro.
- Dedica la novela a los espíritus que siempre la acompañan: su abuela, su madre y su hija. En su obra los espíritus conviven con los vivos con una naturalidad. ¿Cree que, en una sociedad cada vez más tecnológica y digital, hemos perdido contacto con una dimensión espiritual inherente al ser humano? ¿Deberíamos prestar más atención a esos otros mundos, como le aconseja el tío Nicolás a Alba en la novela?
- La humanidad siempre ha necesitado explicación para la dimensión misteriosa, por eso existen las religiones, los ritos y ceremonias, todo lo que nos ayuda a soportar la incertidumbre. En la era digital esa necesidad no desparece.
- Cuando recibió el Planeta el 15 de octubre dijo que era "como ganarse el Nobel". Este año, Anne Carson ha ganado el Nobel, que suma 19 mujeres frente a 104 hombres desde 1901: apenas un 15%. En el Planeta, la proporción femenina es casi el doble: 21 mujeres frente a 56 hombres desde 1952 (un 27%). Aunque las escritoras tienen un enorme éxito de ventas y de público, ¿cree que todavía cuesta que las reconozcan la Academia, la crítica y las instituciones literarias?
- Sí, la situación es muy injusta. Las mujeres deben hacer el doble de esfuerzo que cualquier hombre para obtener la mitad de reconocimiento y respeto. Eso ocurre en casi todos los campos. Vivimos en un patriarcado y desde mi posición de mujer he sentido el peso de la discriminación y los prejuicios.
- Querría preguntarle también por el español. El inglés es claramente el idioma dominante del Nobel. La última vez que un escritor en español lo ganó fue Vargas Llosa en 2010. Y, si hablamos de mujeres, solo Gabriela Mistral en 1945. ¿Qué le parece la ínfima representación de la literatura hispanoamericana y más con una base de escritores tan amplia?
- No tengo idea cuál es el criterio del jurado del Nobel. Sé que no se puede postular, los escritores deben ser postulados por instituciones o recomendados por premios anteriores. La poca representación femenina confirma lo que dije sobre el patriarcado.
- De no ser porque no aparecen móviles ni un 'paisaje digital', La hora antes del alba podría hablar perfectamente del presente. Usted misma ha comentado el paralelismo entre 1973 y hoy: el peligro de perder la democracia. Pero ¿qué esperanza ve para rearmar nuestras democracias?
- Las tendencias políticas y las ideologías son cíclicas. La ultra derecha ha estado en el poder y ha probado que no aporta soluciones, solo agrava los problemas existentes. Lo mismo ha sucedido con la ultra izquierda. El péndulo va y viene, todo cambia, todo es transitorio. Sin embargo, en una democracia esos cambios son posibles mediante el voto. En un régimen autoritario suelen pasar décadas antes de que ocurra el cambio.
- Como usted, Alba también deviene periodista y defiende la profesión contra la censura y el terror. En tiempos de fake news y populismos, ¿el periodismo es más necesario que nunca?
- ¡Claro que sí! Hoy el periodismo es más necesario que nunca, el problema es que hay pocos medios independientes. Las corporaciones, los intereses creados y el mando de los gobiernos, que controlan la información y a la opinión pública... En los Estados Unidos eso es evidente. El público tiene derecho a conocer la verdad, es la única forma en que se puede preservar la democracia. En una dictadura, los primeros en ser acallados son los periodistas. La información es reemplazada por propaganda.
- En la novela, introduce una breve referencia a Franco en una carta de Alba: "Hay dictaduras que duran décadas. Franco reinó durante casi 40 años, 'caudillo de España y por la gracia de Dios'. Murió hace un par de años, pero quién sabe cuánto más perdurará su ascendente". ¿Hay fantasmas políticos que una sociedad nunca termina de exorcizar?
- En los Estados Unidos todavía andan sueltos los fantasmas de la guerra de civil, que ocurrió a mediados del siglo XIX. Alemania ha tratado de exorcizar a Hitler... ¿Lo ha logrado? Basta ver el auge de los neonazis. Hay personajes y eventos que marcan un hito en la historia de los países y tal vez sea conveniente que así sea, para recordarle a las generaciones jóvenes lo ocurrido en el pasado.
- "No hay memoria y por eso el horror se repite una y otra vez", escribe. ¿Cree que Chile se acuerda de los crímenes de Pinochet? ¿O España de los de Franco? ¿A veces pasamos página antes de haber afrontado el pasado?
- No se puede generalizar. Es cierto que para los jóvenes todo eso es historia antigua y creen que no los afecta para nada. Sin embargo, Pinochet, Franco y los demás están presentes en los textos de historia, las crónicas, el arte, la literatura, etc. No se borran de un plumazo.
- En su obra conviven el realismo, lo fantástico, el horror, el humor, el melodrama y episodios que casi funcionan como cuentos independientes. Sin embargo, bajo esa diversidad siempre late la violencia de la dictadura. ¿La literatura, con todos sus géneros y recursos, le ha servido como una forma de hallar cierta justicia, para denunciar la barbarie o llegar allí donde falló la justicia?
- No pretendo dar mensajes en mis novelas. No tengo respuestas, solo preguntas. Me limito a plantear una situación que conozco bien o que he investigado a fondo y la interpretación queda en manos de cada lector. Mis personajes no existen en el limbo, existen en un contexto histórico que siempre afecta y a veces determina sus vidas. Por ejemplo, no puedo situar una historia en 1944 en Europa sin tener en cuenta el impacto brutal de la Segunda Guerra Mundial. En La hora ante del alba la dictadura es el telón de fondo, esa historia no podría ocurrir en un país libre y democrático.
- ¿Hasta qué punto considera que su literatura es política?
- No creo que pueda definirse como literatura política, pero sin duda la política, la historia, los eventos sociales y económicos están presentes, porque tal como dije antes, influyen en el argumento y en las acciones de los personajes, que son producto de sus circunstancias, como lo somos todos.
- Al final del libro, cuando la dictadura cae, escribe: "El imperio estadounidense, que históricamente había impuesto tiranías en Latinoamérica y en otras partes, estaba virando hacia el apoyo de democracias". ¿Cómo interpreta hoy el acercamiento de Donald Trump a dirigentes autoritarios como Vladímir Putin o Viktor Orbán?
- Trump tiene fascinación por los autócratas, porque eso es lo que él quiere ser y al paso que vamos puede llegar a serlo, pero ese hombre no se dio por generación espontánea, no es un fenómeno aislado, representa a un grupo que siempre ha existido y que existe en casi todas partes. En los Estados Unidos había mucha gente en los estados conservadores, por lo general en el sur, que se sentían impotentes, ignorados, incluso despreciados. En Trump encontraron su caudillo. Me pregunto si ahora muchos de ellos no se sentirán traicionados...
- ¿Descarta una tercera parte de La casa de los espíritus? Al fin y al cabo, la casa está ahí, la familia la recupera y Aurora, la hija de Alba, tiene toda una vida por delante...
- ¡Ay! ¡Cómo quisiera plantearme esa posibilidad! Pero ya tengo 84 años y si me he demorado 45 en escribir La hora antes del alba, no creo que me alcance la vida para una tercera parte.